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El Consejo Popular Colón, ubicado en uno de los municipios más antiguos de la capital, limita con la Habana Vieja y el majestuoso Malecón Habanero. Posee una extensión territorial 0.51 km2 y tiene una población de 29812 habitantes.

 La zona fue testigo de acelerados y radicales cambios desde que en el siglo XVIII comenzará su crecimiento como núcleo poblacional. En el siglo XX ya era posible observar un extraordinario auge constructivo y con ello la proliferación de comercios y centro de servicio. Debido a la inmensa vida económica, la zona se convirtió en hogar de muchos obreros, deviniendo uno de los barrios más densamente poblado del país. Esta acumulación de personas también promovió la instauración de centros de esparcimiento como cines, teatros y sociedades de recreo que con el tiempo han cerrado sus puertas y han quedado en el olvido, sumergiendo el espacio en cierta oscuridad cultural. El barrio de Colón constituye aun en nuestros días, uno de los más representativos ejemplos de la complejización de la marginalidad en Cuba. Fue desde su constitución como parte de la conocida Habana de extramuros, una especie de subproducto social, espacio de resguardo para una ciudad en crecimiento que imponía nuevas zonas de confluencia. Por eso puede decirse que el sentimiento antioficialista descansa en las propias bases históricas de esta comunidad. Durante la colonia y luego en el periodo republicano, fue el espacio privilegiado para la proliferación de burdeles y casas de juegos. Es conocido de hecho, como una de las zonas de tolerancia más populares del siglo XX, junto al barrio de San Isidro, y el de la Victoria. El proyecto revolucionario cuenta con el mérito de la integración de esta comunidad a las tareas revolucionarias, a través de la reinserción social de las prostitutas y la prohibición de actividades delictivas. Sin embargo, para los no simpatizantes, el barrio de Colón es una muestra de la decadencia de la Revolución Cubana, y las imágenes de su arquitectura en decadencia constituyen uno de los tópicos más frecuentes en los discursos contrarrevolucionarios. Lo cierto es que en la actualidad la realidad que puede observarse es heterogénea y multicultural. La prostitución, el proxenetismo, la pobreza, confluyen en un espacio que tampoco ha quedado al margen de un proyecto social que garantiza salud y educación a todos.